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"Alcohol y droga"

 

Alcohol y droga, emparejan

distintas clases sociales…

actuamos como alienados,

y a todos nos hace iguales.

 

La gente siempre murmura

cuando un hombre hace desmanes,

y acostumbra a compararlo

con los pobres animales.

 

El animal nunca bebe,

jamás viola, no intoxica,

así que… ¡A no compararnos,

con quien nunca nos imita!

 

 

                                                              Cara.

¿Somos agresivos?

 

 

 

La agresión no solo se descubre al ver un cuerpo lastimado, ni se demuestra solamente con gritos.

La agresión puede ser muy sutil.

Un silencio prolongado... una cara larga… un “Yo hago las cosas mejor que tu”... una indiferencia hacía tus logros... una envidia... un “No sé”, a la ansiada opinión de un amigo... un “Como quieras”, cuando tú esperas un apoyo... una deslealtad... un tono irónico... una terca insistencia...

Y duele... duele sin morete... duele sin gritos... duele el auto estima... duele por la intención... por el tono de voz... por ese idioma (poco comprendido) de los ojos, de las manos, y de los músculos tensos.

Y ese golpe sin darse; esa caricia que no se consumó...

Todo eso, pasivamente, es AGRESIÓN.

 

¿Somos agresivos?

 

Cara.

"Depresión"

Noche silenciosa, noche obscura,

como te asemejas a mi alma,

vacía de estrellas, de ilusión, de todo,

como un barco sin timón, perdido en el océano.

 

Noche lánguida, sin fin, como mi sufrimiento,

noche sin esperanza, sin consuelo.

 

Noche sola, como mi vida,

carente de afectos sinceros.

 

Noche vacía, como mis pertenencias,

consistentes en amargos recuerdos.

 

Muerte... ¿por qué no vienes a salvarme?

no tengo ya qué hacer aquí,

los poros de mi piel transpiran espinas de dolor,

mi mente desesperada ya no soporta la existencia.

 

Dios, dame fe para seguir.

 

 

año 1983                                                                                                                                               Cara                                                             

El báculo de mi vejéz.

 

 

 

Después de un paseo, bordeando”el mirador” de la barranca, me dispuse a subir, de la mano de mi nietecito de 3 años.

Según yo, yo era la que le estaba ayudando a subir a él, por la empinada escalera natural de roca, y por supuesto, dada mi edad, jadeaba bastante al hacerlo, e iba subiendo con mucha cautela para no resbalarme y llevarme conmigo al niño.

Como él me oía jadear, y yo trataba de llevarlo por delante, en su amorosa inocencia, pensó que era él, el que me remolcaba a mí, y con su carita muy seria, mirando un pasamanos, se dispuso a asirse a él, con la mano que tenía libre, para poder jalarme con mayor seguridad...

Y en realidad pensó bien, pues lo que me daba fuerzas era su carita amorosa, su actitud acomedida y sus inteligentes ojos, que calladamente me decían: “No te preocupes Tutita, yo te llevo de la mano”

 

Cara.

 

 

 

 

 

"La muñeca"

 

 

Tuve necesidad de comprar unos materiales de construcción.

En el negocio, estaba una perrita, caminando sobre los costales de arena, como revisándolos.

El animalito se me hizo muy agraciado, igual que su actitud, y como casi nunca salgo sin mi cámara, me dispuse a tomarle fotografías.

Cuando vio la cámara, dejó lo que estaba haciendo y se acomodó para que la retratara… díganme ustedes… ¿son ideas mías?... luego, conforme el empleado me iba subiendo los materiales a la cajuela, la perrita lo acompañaba, viendo todo lo que sucedía.

         Al encaminarme a la caja para pagar, ella se me adelantó, y  cuando llegué, ya estaba en el mostrador parada de manos… parecía que me quería cobrar, y se lo dije al dueño, mismo que me contestó que, efectivamente, ella era su cajera… (me cayó bien el Señor, por seguirme la corriente).

         Ya para salir, “La muñeca”, me acompañó a la puerta, cerciorándose que en realidad me iba a retirar, ya que era hora de cerrar.

         Y  luego, dicen  los expertos, que los perros no piensan… ¡Pues será!  pero parece que sí lo hacen.

 

 

                                                                                            Cara.

"El ingenio del mexicano"

 

 

 

      Caminando por las calles adoquinadas del centro de la ciudad, entre cientos de puestecillos comerciales, distinguí entre todos ellos, uno,  en el que vendían unas ardillas de peluche, que al darles cuerda,  brincaban con mucha gracia. A pesar de que en muchos puestos vendían de las mismas, yo las vi algo diferentes, y me acerqué a observarlas.

      Decidí comprar una para mi nieto, y al pedirle al señor que las vendía, que me diera la más bonita, él me contestó: “Todas son las más bonitas, pues yo, para hacerlas más coquetas, les sobrepongo en sus ojitos, otros con pestañitas para que se vean más alegres”.

      Y, efectivamente, me mostró unas tiras largas de calcomanías con ojitos con pestañitas, que el señor, con mucho cuidado, colocaba a los juguetitos, explicándome a la vez, que le convenía más, comprar juguetes del “otro lado” por ser más baratos, pero que él  les ponía su toque personal. “Con razón, le dije, me llamaron la atención y pensé que eran del país”… Y con una sonrisa en los labios, me alejé pensando.

                   ¡Es increíble el ingenio y la gracia del mexicano!

 

                                                  

                                                                                       Cara.